Cuadernos Amarillos

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Location: Caracas, Distrito Capital, Venezuela

Arquitecto de oficio (entre otros) y librepensador por convicción. Huyendo del conflicto innecesario y de la pugnacidad fútil. Cultivando pequeños gozos cotidianos como los atardeceres y el scrabble. Satisfecho pero no conforme.

Monday, April 01, 2013

Gris mediocridad: Menos inteligente y más feliz

A veces uno lee frases que se quedan pegadas incómodamente en la memoria, como un chicle en la ropa. Tendría yo 16 años o algo así cuando, leyendo un volumen dedicado a mi signo zodiacal (Sagitario) tropecé con un augurio algo inquietante sobre lo que podría ser mi adultez. Era algo como: "El Sagitariano tiende a destacarse en aquello que emprende desde muy joven, triunfando en los negocios, como político, en el deporte, el arte o el mundo de las leyes. Cuando no es así, en su madurez una gris mediocridad dominará su vida, y el sagitariano sabra disfrutarla beatíficamente".

El caso es que en aquel momento anhelé con todas mis fuerzas no caer en aquello de la "gris mediocridad", frase que a esa edad (y a muchas otras) suena espantosa. Y durante mucho tiempo, creí estar bien encaminado. Fui buen estudiante, relativamente popular en mi entorno, conocí gente de muchos niveles (desde obreros hasta potentados) trabajando mientras estudiaba, en fin.

Una vez graduado, también la cosa sonaba promisoria, trabajando free lance en una oficina de proyectos pequeña y glamorosa, con toda la vida por delante. La gris mediocridad se vislumbraba como una amenaza risible, ajena, pueril. Pero no se me olvidaba.

Pero de algún modo subrepticio, el entorno cambió y no supe adaptarme. Y me ví ya treintón practicamente carente de cualquier bien propio, malbaratando mi tiempo en una institución con ambiente de trabajo muy agradable pero que me proporcionaba ingresos ínfimos. Era esa la época en que obtenía 137 en los test de inteligencia, y mi memoria era un disco duro biológico capaz de arrojar al instante el dato exacto, día, hora y fecha de la llegada del hombre a la luna o del día en que fulanita perdió su virginidad, o de referir al voleo la altura de las 5 cataratas más altas del mundo o el nombre y población de la capital de Burkina Faso. Era la época de los crucigramas resueltos y las frases agudas.

Y todo eso lo disfruté y sirvió para mi, hasta que me cansé. Y recordé aquello de la gris mediocridad, y empecé a anhelar experimentar ese tipo de vida, con una ocupación que exprimiese menos mis neuronas y llenase más mi bolsillo. Deseé cambiar de preocupaciones, algo así como "¿En cuantas cuotas pagaré mi nuevo carro?" en lugar de "¿Que línea de transporte público me dejará cerca de X sitio?".

Hoy puedo decir con conocimiento de causa que aquella máxima tan común en mis lecturas de ciencia ficción, "Ser inteligente te hace infeliz" posee similitudes significativas con mi caso. Estoy seguro que soy menos inteligente que hace 20 años (claro, estoy traería a debate el concepto de inteligencia, pero asumamos la interpretación materno-popular que todos conocemos) y también de que soy más feliz. No niego que a veces extraño aquella época.

Pero me basta con recordar las angustias, humillaciones y estreceheces de otrora para que la nostalgia se esfume y siga tripeándome lo que puede ser considerado una gris mediocridad, y que para mi es una zona de confort de donde no deseo salir.

Como datos curiosos:

Científicos desarrollan píldora para ser menos inteligente (ver http://www.youtube.com/watch?v=z9pD_UK6vGU )

Estudio de la universidad de Bamako (Mali) sostiene que quienes oyen reggaeton son 20% menos inteligentes que quienes oyten otros generos: http://www.estereofonica.com/estudio-revela-que-personas-que-escuchan-reggaeton-son-menos-inteligentes/

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