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Location: San Cristóbal, Táchira, Venezuela

Arquitecto de oficio (entre otros) y librepensador por convicción. Huyendo del conflicto innecesario y de la pugnacidad fútil. Cultivando pequeños gozos cotidianos. Satisfecho pero no conforme.

Sunday, June 25, 2006

Maria Eva

Maria Eva tenía 18 años y acababa de llegar de Brasil para incorporarse a la universidad. Su actitud y vestimenta eran cool, y su escultural cuerpo hacía olvidar fácilmente su acné y su gigantesca nariz picassiana. Trataba de parecer más ilustrada de lo que era y disfrutaba sabiéndose deseada por muchos. Un día, ya de regreso de una de esas salidas de campo que terminan pareciéndose más a un paseo de panas que a una actividad académica, veníamos conversando relajadamente sobre ligerezas. De pronto y de la nada, ella me preguntó, en tono más bien seco, si yo no pensaba hacer algo por mi cuerpo. ¿Algo como que? Inquirí con curiosidad, inocencia dieciseisañera y sorpresa. Allí comenzó una retahíla de acerbas críticas a mi gordura, aventuradas hipótesis sobre la costumbre errada de muchas madres de premiar a sus hijos con comida, consejos que comenzaban con la apostilla “tu deberías…” y una cruel sentencia final: “Mira, al final lo único que importa para atraer es el cuerpo. Si sigues así, morirás virgen, ya que con tu cuerpo no atraes absolutamente a nadie. A mi, por ejemplo, me pareces horrible”.

El nudo en la garganta (que disimulé, claro está) me impidió ripostar con los alegatos que tenía en mente: Que no todo el mundo pensaba igual, que para todos había público, que había quienes se fijaban en la forma de ser de la gente además del cuerpo. Tampoco le dije que ya no era virgen, ya que una asistente doméstica se encargó de modificar esa condición a mis 8 años, y una trabajadora sexual ratificó tal modificación pocos días antes del diálogo en cuestión.

Mucho tiempo tuve el mensaje de Maria Eva rebotando en mi cerebro. Era inevitable recordarlo cada vez que recibía un rechazo, que escuchaba esa frase manida “es que yo te veo como un amigo”, cada vez que notaba lo difícil que se me hacía acceder al sexo por un medio distinto al comercial.

Algunos años después, superada la turbulencia adolescente, comenzó a ponerse en evidencia que, en efecto, había personas muy poco pendientes de las morfologías corporales; y que incluso existía público para quienes no encajamos en los cánones convencionales de estética fenotípica. Y me preguntaba que pensaría María Eva del tema. Paralelamente, comencé a ver como mis adonis contemporáneos recurrían a otros métodos para seguir llamando la atención o se resignaban a perder popularidad, toda vez que las ojeras, panzas, vellos y calvicies comenzaban a modificar los otrora esbeltos y andróginos (o bien fibrosos) cuerpos, para horror de sus desconcertados propietarios.

Hace poco vi a Maria Eva convertida en la contradicción de lo que predicaba hace más de cuatro lustros. Los partos llevaron sus caderas de la talla “jovencita nórdica” a la “matrona mediterránea”, las esferas turgentes anteriores y posteriores, protagonistas de millares de fantasías y sueños eróticos, devinieron en fofos colgajos estriados. Los escotes y prendas apretadas cedieron protagonismo a las batolas guajiras y atuendos multicapa de ligeras telas pakistaníes en diversos grados de color ocre y crema. Toda ella emanaba un aura marchita, como si hubiese sido sometida a repetidas sumersiones en agua hirviente. Hasta su cabello, rizado y espumante, se sometió a la dictadura de los lisos que impera en el ámbito capilar femenino, convirtiéndose en un vulgar “pelo babeado”, que resaltaba más aún lo antes obviado: las cicatrices del acné y la nariz enorme que parece tener vida propia.

Ahora María Eva es vegetariana, hinduista (o algo así) y pontifica sobre lo pasajero del cuerpo, la sensualidad y las cosas materiales, y la importancia de alimentar el espíritu. No creo que tenga tan mala memoria como para olvidar su parecer de hace veintipico años. Creo que ahora piensa de ese modo porque no le queda mas remedio.

2 Comments:

Blogger Silmariat, "El Antiguo Hechicero" said...

En la universidad conocí a un amigo y, entre los dos, construimos una teoría que, al pasar de los años, se confirma:

Aquellos que fuimos terriblemente feos, orribles sin “h”, que no levantábamos ni el polvo del camino, no matábamos ni a las moscas, a pesar de llevar nuestro “Baygon” -y si es Bayer, es bueno-, en la mano derecha.

Estábamos en terrible desventaja frente aquellos que iban por la vida con su propio enjambre. Convertidos, gracias a su maravillosa belleza física, en las propias abejas reinas y que dejaban a sus victimas tiradas en el suelo, por sobre dosis de feromonas, y ellos, en su síndrome de esfinge, sin mover un dedo, ni un uña, por sus acólitos. “Miren qué belleza” era su grito de guerra.

Ellos cara de Monalisa y nosotros con cara de espanto.

Al pasar de los años, ellos, los perfectos, los sin máculas. El tiempo los pone en su sitio. Las arrugas se le da fatal, la piel se les vuelve opaca y la mirada sin vida. En cambio nosotros, los terriblemente orribles sin “h”, reestrenamos calvas, que nos llegan al occipital. Nosotros, que tenemos patas de dinosaurio a ambos lado de la cara, ojeras tipo mapache y hasta nuestras colección de cauchitos en cada uno los dedos de los pies. Ya no somos tan feos, somos más nosotros mismos, pues nos hemos preocupado por otras cosas.

Esa es la diferencia, nosotros nos hemos preocupado por otras cosas, no teníamos otra opción. En cambio ellos, los re-hermosos, sólo se han preocupado por ellos mismos y el tiempo pasa factura, tarde o temprano.

También hay que ser justo, existen algunos ellos que el tiempo los tratan de maravilla, son las verdaderas bellezas, irradian una luz tan maravillosa que uno piensa que el edén existe. Son esas personas tan bellas, tan verdaderas que tratan, a todo ser humano, de igual a igual, pues comprendieron que la belleza interna es mucho más importante que la piel y las cremas. Son aquellos que cultivaron el espíritu. Son los que descubrieron lo fantástico que es reírse de uno mismo.


Todo lo mejor para Usted.

PS: Lo que es igual..., no es trampa.

4:41 AM  
Blogger Sin Anestesia said...

Es un horror que la sociedad en general presione despiadadamente a las mujeres a seguir unos canones de belleza imposibles el 99% de los casos. De alli el exito de la campana de DOVE de las gorditas.

Viniendo de una familia de mujeres te puedo asegurar que a las menos bonitas las han vuelto locas y lisiadas emocionalmente y por ello esa angustia por el fisico de ellas y de todos a su alrededor. Paradojicamente, tienden a repetir el patron que las ha martirizado tanto. (es decir, martirizan a las hijas, no dejan a los muchachos ni tener acne juvenil cuando eso es lo mas normal)

Gracias a Dios que a mi ni me miraron por lo que pude ocuparme de cultivar mi alma, lo que no significa que no me gusta tener un aspecto saludable y digno.
Procuro que mi pareja sea igual.
Cuerpo sano=mente sana.

7:44 PM  

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